LA REVULUCIÓN PENDIENTE

La Iglesia vista por un laico

Por Gabriel María Otalora

Prólogo de Juan María Laboa

Ediciones San Pablo, Madrid, España

Buen libro. Alegato bien documentado sobre los laicos en la Iglesia católica. Su aparición, la consideración sobre el laicado y un buen esfuerzo para describir el momento actual y el futuro. Sea como fuere estamos ante un recorrido histórico por la vida de la Iglesia que rezuma, sobre todo, el poder clerical y la dificultad para emerger en condiciones de igualdad a los fieles no consagrados: a los laicos y laicas. Es verdad que Gabriel María Otalora sitúa al papa Francisco como un abanderado de los laicos y de –digámoslo así—cualquier otra injusticia en la Iglesia.

No me gusta recomendar la lectura previa del Epilogo de este libro porque podría contribuir a que no leyera íntegro y con dedicación. Pero ese epílogo resume muy bien el cuerpo y el alma de este “La Revolución pendiente”, siendo lo que se esperaba un virtuoso colofón de la obra enfatizando el gran problema vivo del laicado y, por ende, la permanencia de un clericalismo excesivo que trabaja a favor de la posición de poder de los consagrados y no de la igualdad entre todos los hijos de iglesia, de todos los seguidores de Jesús de Nazaret.

Gabriel María Otalora nació en Bilbao, en 1957. Es Licenciado en Derecho, máster en Gestión del Conocimiento, Capital Intelectual y Recursos Humanos; post grado en Antropología Social. Y también Reconocido laico con una amplia experiencia pastoral y de comunicación en prensa y radio

Y dentro del problema del laicado Gabriel María Otalora presenta el problema de la mujer en la Iglesia, su escasa representación e, incluso, su menor presencia de las consagradas en la capacidad de decisión eclesial comparadas con el “poder” de los varones. A mí me parece otro aspecto muy clave de los déficits evangélicos de la Iglesia de hoy. Voy a ir hilvanando otras páginas solventes de esta obra. Por ejemplo, me parece muy adecuado el posicionamiento en la historia de los Padres de la Iglesia como una reacción ya a una Iglesia desfasada y poco coherente con el evangelio de Jesús. Pero, ojo, la presencia histórica de los llamados Padres de la Iglesia desde el año 170 –la cifra de partida se establece en el año 70 con el final del periodo apostólico—hasta el siglo III, La Iglesia pues vive con desenfoques en sus primeros años y con, también, alejamiento del mensaje de Jesús.

No quiero terminar sin hacer una conveniente cita al prólogo de Juan María Laboa. Conocido historiador de la vida eclesial este sacerdote y escritor guipuzcoano es uno de los autores más influyentes en el panorama cristiano. También ha sido profesor de historia de la Iglesia en la Universidad de Comillas y de Derecho Político español la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense.

Y hoy sólo hasta aquí. Tengo la idea de dedicar una “segunda lectura” a este libro enseguida.

 

Angel Gómez Escorial