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1.- LA CATEQUESIS DIARIA DEL PAPA FRANCISCO Las homilías pronunciadas por el papa Francisco durante sus misas diarias celebradas en la Casa Santa Marta, del Vaticano, donde reside, dan un toque diario de catequesis pontificia. Las agencias vaticanas distribuyen los contenidos de sus comentarios homiléticos y es una contribución más al magisterio del Obispo de Roma. Sin ir más lejos las dos primeras noticias de nuestra sección de Noticias se refieren a sendas homilías pronunciadas dos días seguidos. Está claro que el Papa Francisco está cambiando en profundidad el ambiente interno del Vaticano, pero lo hace suavemente. Su mejor modo es implementar sus actividades bajo la idea de que puedan servir más directamente a la actividad evangelizadora. Es cierto que todos los pontífices –especialmente los dos antecesores de Francisco—si convertían la celebración de sus misas diarias “privadas”, celebradas en los Apartamentos Pontificios en una actividad muy valorada. En efecto, recibir la invitación para acudir a las eucaristías diarias del Papa reinante era algo muy deseado por fieles y peregrinos en el Vaticano. Ahora, lo llamativo –y que alcanza gran transcendencia—es que las homilías pronunciadas en la capilla de la Casa de Santa Marta –Marta de Betania—sean divulgadas y se conviertan en dimensión orbe et urbi en un capítulo importante de la enseñanza del Papa. Son pues cambios que se impulsan desde la actividad habitual del Pontífice y que tienen especial transcendencia. Y así se van produciendo opiniones que muestran los caminos de cambios profundos que quiere hacer “el papa venido de lejos” mediante hechos sencillos. Y así las instalaciones de una residencia dedicada a acoger a cardenales en tránsito por Roma se convierten en un interesante y nuevo escenario de la actividad de un papa. Antes, claro está, la vida “privada” del papa, un tanto recluido en los palaciegos Apartamentos Vaticanos, tenía menos visibilidad. Francisco no ha deseado utilizar ese ámbito un tanto estanco y aislado del quehacer cotidiano del resto de la Iglesia de Roma.
2. - VIGILIA DE PENTECOSTÉS La Iglesia celebra una Vigilia de Pentecostés que es preciosa por sus contenidos litúrgicos y de la Palabra. Aunque menos celebrada que la Vigilia de Pascua, pero no por eso es menos interesante. Hay asimismo una gran similitud con las lecturas de la Misa del Domingo (del día) que es la que ofrecemos en la presente edición de Betania. La Vigilia de Pentecostés se celebra en la tarde del sábado antes o después de las Vísperas del Domingo de Pentecostés. Y así puede ser celebrada a lo largo de toda la tarde. No tiene, como en el caso, de la Vigilia de Pascua, las seis lecturas, con su salmo correspondiente Epístola. En el caso de la Vigilia de Pentecostés tiene, como una misa ordinaria, tres lecturas –primera, segunda, y evangelio—y el correspondiente salmo. Sin embargo, el Misal romano ofrece la posibilidad de elegir para la primera lectura –solo se leerá una—las siguientes: Génesis, 11, 1-9; Éxodo, 19, 3-8ª.16-20b; Ezequiel, 37, 1-14 y Joel, 3, 1-5. El Salmo es el 103, con la respuesta “Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra”. La segunda lectura es de Romanos 8, 22-27 y el Evangelio, San Juan 7, 37-39. Por tanto tiene los contenidos de una misa habitual primera lectura, salmo, segunda lectura y evangelio. Se observa un relanzamiento de las celebraciones de la Vigilia de Pentecostés, aunque su extensión no llega la frecuencia de la relativa a la de Pascua, como ya decíamos. No se olvide que la Vigilia de Pascua, salvo por cuestiones pastorales graves, es ineludible, hay que celebrarla. Y la de Pentecostés no reúne esa condición obligatoria.
3.- SÓLO NOS EXAMINARÁN DE AMOR La conversión es un acercamiento íntimo y exclusivo a Dios. Necesitamos de esa exclusividad venturosa e iluminadora. Pero el tiempo pasa y el Señor nos pide otras cosas, cuando nuestra cercanía a Él está más consolidada. Y es que hay un momento en la vida de fe que uno se siente incómodo con tanta atención a las cosas propias. La preocupación por mejorar, por ser más efectivamente cristiano, necesita de una vigilancia permanente. Eso es más que evidente. Sería absurdo descuidar la casa propia para ponerse a barrer las de los otros. Es verdad, pero a veces hay una tendencia a estancarse en las cosas de uno con olvido de las necesidades de los demás. La repetición de nuestras faltas habituales y grandes defectos, producen una cierta angustia, dosis de autocompasión o briznas de soberbia oculta. Ello nos hace perder mucho tiempo. Cuando tras un largo periodo, solo aparezcamos nosotros en nuestros pensamientos y apenas trabajemos por los demás, es que estamos en peligro de entrar en una peligrosa y complaciente soledad. LA ELECCIÓN DE LOS "OTROS" A pesar de que muchas de nuestras cosas personales no nos gustan, nos hemos acostumbrado a ellas y gozamos incluso con su "maldad". Sin embargo, la elección de trabajar por los otros trae incomodidad. La elección de los "otros" tampoco es fácil. La acepción de personas que habla la Escritura está siempre presente en nosotros. Es obvio que los consejos del Apóstol Santiago, en su carta, respecto a la idea preconcebida que nos haremos en función de sí nuestro prójimo está bien o mal vestido, ya nos da pistas de la tendencia a aceptar a unas personas y otras a rechazarlas. Y, sin embargo, en los pobres, en los marginados, en los solitarios, en los abandonados está Cristo; y a Él debemos servir a través de quienes --en muchas ocasiones-- nos gustan muy poco o nada. NUESTRA CASA INTERIOR Pero como decíamos al principio, en la vía de la conversión hay un momento en el que uno se apercibe de que nuestra casa interior ya está lo suficiente apuntalada como para poder salir al exterior. El deseo y la necesidad de servir a los demás se abren de manera muy imperiosa. Y hay dos caminos que se complementan. Debemos mejorar el trato con las gentes más cercanas que tenemos: los miembros de nuestra familia, los compañeros de trabajo, los vecinos. El otro, que es más difícil, se refiere a los auténticamente necesitados: a esos pobres, marginados y abandonados que conviven también cerca de nosotros. Un camino muy adecuado para trabajar a favor de los colectivos de necesitados lo encontraremos, sin duda, en los diferentes grupos que habrá en nuestras parroquias. Y ahí, con la ayuda de otros amigos más experimentados, podremos iniciarnos en el apoyo a los hermanos. En este sentido, nos gusta insistir que la pertenencia orgánica a una parroquia nos obliga a ser coherentes con la misma. Hay muchas gentes cristianas que, basada su actividad religiosa en movimientos y obras, abandonan sus obligaciones parroquiales. Algunos profesan una idea poco correcta en torno a un cierto miedo al clericalismo; que luego, sin embargo, ejercen en su movimiento, creando un "movimientismo" que tienen los mismos defectos --o más grandes-- que al clericalismo al que ellos se refieren. AISLAMIENTO ESPIRITUAL En fin, todo son ejemplos. Lo importante es que vayamos, poco a poco, evitando nuestro aislamiento espiritual para abrirnos a las necesidades de los hermanos. Y no es malo iniciarnos en tal apertura en estos tiempos próximos a la llegada del Espíritu Santo. Y no se olvide que el amor a los hermanos, la dedicación a ellos, acompañarlos en los momentos difíciles, satisfacer sus necesidades materiales y espirituales e, incluso” dar la vida por los amigos” es la esencia del cristianismo. No podemos erigirnos en fieles justos cuando en realidad practicamos una fórmula de cristianismo de salón que nos lleva a cumplir con todas nuestras devociones y no acordarnos, ni un minuto al día, de los hermanos. Habrá que tener indeleblemente grabadas en el corazón las palabras de Jesús ante el Último Juicio. Nos va a preguntar si dimos de beber, si visitamos en la cárcel a los presos, si vestimos al desarrapado y no por otra cosa. Claro que, por otro lado, sería un absurdo dejar nuestra vida devocional, ni nuestra cercanía frecuente a los sacramentos –alimentos del alma--, pero el mismo absurdo o mayor sería si hiciéramos todo esto y no ayudáramos a nuestros hermanos. No lo olvidemos, sobre todo, al atardecer de nuestras vidas sólo nos examinaran de amor. Quienes somos Betania fue fundada por el periodista laico, Ángel Gómez Escorial, el 1 de diciembre de 1996, como consecuencia de una transformación personal y religiosa. Ha estado siempre publicada a expensas de la empresa periodística Prensa Escorial –también fundada por Gómez Escorial-- sin ninguna otra pertenencia a movimiento alguno o jerarquía de la Iglesia católica. Pero como ha expresado muchas veces Gómez Escorial, su Editor, “Betania quiere ser siempre una hija fiel de la Iglesia Católica”. Entre sus colaboradores hay sacerdotes y laicos, pero son mayoría los sacerdotes, aunque pertenecen a diferentes carismas. Así hay dos agustinos, un jesuita, un miembro del Opus Dei y el resto diocesanos. Los colaboradores laicos son padres y madres de familia y de diferentes profesiones. Prensa Escorial edita, entre otras cosas, una revista quincenal impresa, especializada en finanzas y banca, BANCA 15, que tiene también una web de periodicidad diaria, www.banca15.com. Nuestras coordenadas son Betania, Prensa Escorial, SL. Avenida del Cardenal Herrera Oria, 165, 28034 Madrid, España Teléfono 00 34 913781283. Telefax 00 34 917382716
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