1.- TRANSFIGURARSE

El espectáculo del monte de la Transfiguración debió de ser “tremendo”. No es extraño que Pedro, impulsivo pero muy inteligente, llegase a la conclusión que ya estaban, todos, en el Cielo, en la Gloria. Y eso no sería extraño intuyendo que el Rabí de Nazaret era Hijo de Dios y que su proximidad con “otro mundo” era más que evidente.

La realidad es que la vida cristiana, su desarrollo y presencia, se hace siempre buscando –y muchas veces obteniendo— una determinante cercanía con Dios, con su Hijo o con la indudable guía del Espíritu Santo. También, muchos fieles viven una muy activa relación con María de Nazaret. Es la Madre de Jesús una intermediaria muy activa con el camino de su Hijo y, por supuesto, la idea de “ir a Cristo por María” no es, para nada, algo retórico o carente de sentido.

Por tanto todas esas cercanías –muchas, sin duda— que experimentamos con el mundo espiritual tienen algo de la Transfiguración del Monte Tabor. Se nos muestra un camino de una cierta luminosidad al respecto del cual, como una donación recibida en un momento dado, transciende de lo puramente cotidiano o “forzado” por la fe...

 

2.- HAGAMOS EXAMEN DE CONCIENCIA

Las tres grandes armas de la Cuaresma son: la oración, la limosna y el ayuno. Y si lo dice la Santa Madre Iglesia pues así será. Seguro. Por tanto hemos de intensificar nuestra austeridad cuaresmal. Es verdad que el exceso de comida y bebida no prepara el espíritu, lo embota. Incrementar nuestro tiempo de oración es propio de un tiempo de preparación y de cambio. A su vez, ya desde los tiempos del Antiguo Testamento se decía que la limosna, el socorrer a los más necesitados, perdona automáticamente muchos pecados. Nosotros los cristianos tenemos el mandamiento del amor. Cristo nos dijo que amaros a nuestro prójimo desde el amor grande a Dios. Y ante ello es imposible dejar de atender a los pobres, a los hambrientos, a los cautivos… Y si bien, la oración, el ayuno y la limosna son los indicadores más útiles dentro de la carretera de la Cuaresma, yo quisiera añadir uno más, o, al menos, enfatizar muy especialmente sobre el mismo: el examen de conciencia.

EN UN MOMENTO DADO

Se supone que todos los cristianos, en un momento del día, tal vez a la noche, hacen un examen de su proceder de cada día y someten su comportamiento de esa jornada a un juicio crítico y coherente de acuerdo con lo que Jesús de Nazaret nos enseña. ¿Pero es así? Se supone, también, que en el momento en que un cristiano habitual y practicante se acerca al sacramento de la Reconciliación hará asimismo su examen extenso. ¿Pero es así? No. Parece que no. La falta de tiempo y de humildad nos lleva a dormirnos sin más, aunque en el algún momento del día alguna cosa nos haya inquietado. Y en cuanto a la presencia ante el confesionario la mayoría de las veces se lleva “algo gordo”, olvidando el comportamiento general que, tal vez, es el que da paso a “aquello tan gordo” de lo que nos confesamos.

NI EXAMEN NI NUEVOS PROPÓSITOS

En resumen que poca gente examina su vida ni apenas ejerce el propósito de la enmienda. El otro día escuche que un problema enquistado se aísla del resto por el propio quiste y que vive ahí sin solución. ¿Cuántas cosas enquistadas hay en nuestra vida? ¿Cuántos procederes malos, pero habituales, no los consideramos pecados, siendo, sin embargo, una fuente incesante de corriente pecaminosa? Rompamos la membrana que separa del exterior nuestros malos y habituales problemas. Abramos la conciencia y no determinemos nosotros solos lo que es pecado y no lo que no lo es. Llama mucho la atención la frase de San Juan de la Cruz: “Al atardecer de nuestra vida nos examinaran de amor”. La desafección hacia los problemas y las carencias de los hermanos, el mal humor, la ira, la falta de delicadeza, son pecados graves que muy pocas veces consideramos.

ABRIR LA VISTA

El examen diario de conciencia nos va abrir la vista ante muchas faltas que no consideramos. Desde luego es una gran tontería pensar que alguien puede engañar a todo el mundo durante todo el tiempo. Pero es una enorme imbecilidad engañarse a sí mismo constantemente, “tapando” conductas pecaminosas como si no lo fueran. Cuando todo se somete a observación honesta todo toma su verdadero aspecto. Hagamos pues examen de conciencia. No dejemos ni un día de preguntarnos a nosotros mismos como ha ido la jornada y cuanto bien hemos dejado de hacer a pesar de que era posible. Hagámoslo como un camino más de la Cuaresma.

 

3.- ATRAER A LOS ALEJADOS A LA IGLESIA

El Editor y fundador de Betania ha explicado muchas veces que él quiso crear esta página Web para atraer alejados a la vida de la Iglesia. Luego, la realidad de Betania y su fuerte implanto litúrgico trajo, hoy, que sean los sacerdotes, mayoritarios entre los lectores de Betania; y, también, personas tan poco “alejadas” como lo son las que forman los equipos de liturgia en las parroquias.

LAS PALABRAS DEL PAPA

Una vez más el papa Francisco en su mensaje de Cuaresma tiene ese recuerdo especial para amparar y atraer a esos lejanos, que, un día, estuvieron cerca de la Iglesia, pero que luego fueron marchándose tal vez por la culpa de todos, por nuestro propio pecado y la falta de atención. Pero, ¿y si no fuera así? Y si se tendiera lo más fácil. ¿Y si hubiera más alejados de los que creemos?, incluso en muchos y muchas de los que pasan por nuestras parroquias, por nuestras celebraciones, acuden por rutina y como acompañantes poco activos de personas más cercanas al culto y a los sacramentos.

¿QUÉ QUIEREN LOS ALEJADOS?

Por tanto, ¿sabemos dónde están? ¿Y qué quieren los alejados? ¿Entre las muchedumbres que acuden a la misa dominical, a cuántos los podríamos considerar alejados que esperan una palabra para mejor integrarse? ¿Y los que ni siquiera acuden a la Eucaristía de los domingos? No parece fácil salir a la calle a buscar alejados. Y sea fácil o difícil no se hace. Algunos movimientos de la Iglesia más lanzados hacia el apostolado si trabajan en los diferentes ambientes buscando, precisamente, a esos alejados. ¿Y por qué en las parroquias no buscan la colaboración de esos grupos o, también, imitan la forma de trabajar de dichos grupos? Parece, no obstante, que algunos de esos grupos dados al apostolado en los diferentes ambientes y en la calle tampoco se aproximan demasiado a las parroquias, teniéndolas –un tanto—como exclusivas dispensadoras de sacramentos y haciendo sus otras prácticas religiosas o de apostolado en los centro de los propios movimientos.

CREAR ESPACIOS DE CERCANÍA

La cuestión sería como aquella frase: “unos por otros y la casa sin barrer. Y la realidad es que los alejados siguen alejados y los trabajos de las parroquias se circunscriben a la gente de siempre, creando una clara situación de bloqueo... Uno que viene de lejos no puede inmediatamente entrar en la vida formada de una parroquia, que ya tiene sus costumbres. Para éste de momento todo es muy sorprendente, lejano a su vida.

Como decíamos al principio esto de “acercar a los alejados” es una de las asignaturas pendientes de Betania. Y, entre ellos, muy especialmente de los jóvenes, y, por supuesto, de todos aquellos que están a la puerta esperando y nadie se la abre. Este editorial tiene, pues, una direccionalidad específica: que la vida parroquial se abra a los alejados. Y, también, ver que hacemos aquí en Betania para que se acerquen los que están lejos. Al respecto, y como siempre pedimos, opiniones a los lectores. Entre todos podíamos buscar vías para atraer a quienes nos necesitan y no atreven a atravesar el umbral de nuestra puerta.

 

4.- NECESITAMOS APOYO ECONÓMICO…Y MUCHAS ORACIONES

No hemos forzando demasiado la invocación a la generosidad de nuestros lectores, tras los problemas suscitados hace meses. Pero, realmente, la situación económica de Betania sigue siendo muy difícil y no se descarta su desaparición. Con las aportaciones de tiempo atrás –y estamos profundamente agradecidos— pudimos seguir adelante. Pero ahora nuevamente tenemos problemas. Hay que atender a nuevos gastos, algunos los mismos que se resolvieron en aquellos días.

No hay nadie –salvo los lectores y algunos anuncios— que faciliten recursos económicos a nuestra web. La aportación económica del propio Editor es ya imposible y, probablemente, deje de trabajar en Betania pronto. No somos capaces de llevar a cabo un equipo técnico que sustituyera al trabajo del Editor. Y aunque hay planes para modificar este aspecto, también en la transición necesitamos ayuda. Y lo que pedimos con el corazón son oraciones por la continuidad de Betania. El Espíritu ha estado siempre de nuestra parte y creemos que así seguirá. Pero hay que pedírselo… Necesitamos también muchas oraciones.


Quienes somos

Betania fue fundada por el periodista laico, Ángel Gómez Escorial, el 1 de diciembre de 1996, como consecuencia de una transformación personal y religiosa. Ha estado siempre publicada a expensas de la empresa periodística Prensa Escorial –también fundada por Gómez Escorial-- sin ninguna otra pertenencia a movimiento alguno o jerarquía de la Iglesia católica. Pero como ha expresado muchas veces Gómez Escorial, su Editor, “Betania quiere ser siempre una hija fiel de la Iglesia Católica”. Entre sus colaboradores hay sacerdotes y laicos, pero son mayoría los sacerdotes, aunque pertenecen a diferentes carismas. Así hay dos agustinos, un jesuita, un miembro del Opus Dei y el resto diocesanos. Los colaboradores laicos son padres y madres de familia y de diferentes profesiones.

Prensa Escorial edita, entre otras cosas, una revista quincenal impresa, especializada en finanzas y banca, BANCA 15, que tiene también una web de periodicidad diaria, www.banca15.com. Nuestras coordenadas son

Betania, Prensa Escorial, SL.

Avenida del Cardenal Herrera Oria, 165, 6º-C, 28034 Madrid, España