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¿PERO, ME HE CONVERTIDO YO?

Por Ángel Gómez Escorial

A veces parece que el camino no va a terminar nunca. A mí, cuando empecé con esto de la fe y del seguimiento del Señor Jesús, me pareció más fácil o que iba a ser más corto. Si miro hacia delante, hoy, me doy cuenta de que me falta mucho y que, asimismo, apenas he hecho nada. No he tomado mi cruz y, desde luego, apenas sigo al Maestro. No rezo por mis enemigos. No sirvo al prójimo. No estoy dispuesto a poner mi otra mejilla para recibir la segunda bofetada. No soy manso, ni siquiera afable y no muy simpático. Y además, cuando algún día, creo que estoy más cerca de algunas de esas cosas que nos manda Jesús, pues recuerdo unas frases suyas que parece que nunca cumpliré: “Vende todo lo que tienes, dáselo a los pobres y sígueme”.

ME AFERRO A MI CONFORT

Y no soy rico como el joven del Evangelio, soy casi pobre, pero me aferro a mi confort y a mis pequeñas cosas. Y mientras tanto muchos hermanos sufren y necesitan de mí. Sé, lo sé muy bien, que al atardecer de la vida Jesús me examinará de amor. Y será el tema único. No me va poner un test de sabiduría, ni de liturgia, ni –creo yo— rebuscará en esos pecados que a veces tanto me preocupan. Sólo me examinará de amor y me recordará si he dado de comer al hambriento, si he vestido al desnudo, si he visitado a los que están en la cárcel. Y si sigo así tendré que decirle que de eso he hecho poco. O nada.

SE ACERCA JESÚS

Y claro me quedo muy desconcertado cuando veo lo que he hecho y el camino que queda por recorrer. Es, entonces, cuando se acerca Jesús a mí y me recuerda que antes era peor. Que, desde luego, eso no debe servir para enorgullecerme, pero que las cosas son como son. Y que algo he hecho, aunque tenga mucho más que hacer. La cuestión es no parar y confiar en Él. La esperanza llena, en ese momento, mi corazón y me sacudo la vagancia y el mal humor. Y, también, saco la conclusión de que no debo perder más tiempo. Hay que seguir ese Camino, esa Verdad y esa Vida. Y de ningún modo conformarse con unas pocas cosas buenas. Y entonces parafraseando al Evangelista Juan, quien dijo que si decimos que no somos pecadores, mentimos. Tendré que decir que quien se crea ya convertido, miente también. Que falta mucho y que no hay tiempo que perder. El recorrido es difícil. Nosotros mismos –cada uno de nosotros— somos nuestros principales enemigos, pero no importa. Dios nos acompaña y su Hijo Único nos pastorea por las cañadas oscuras.

CUARESMA PARA CONVERTIRSE

Este tiempo de Cuaresma es para convertirse. Para añadir a nuestra alma, a nuestra mente y a nuestro cuerpo alguna enseñanza más que nos ayude a ir preparándonos para el examen final de amor. Es una reválida difícil y para nosotros un buen resultado es utopía. Pero para Dios nada hay imposible. Olvidemos nuestra jactancia y comprendamos que el camino acaba de empezar.