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SENTIMIENTOS A FLOR DE PIEL

Por Ángel Gómez Escorial

Caridad es amor. Y el amor a veces se desborda por muchas visiones negativas… Por supuesto, también las positivas. Las personas inválidas salen a la calle ayudados por su familiares. No se ocultan o no las ocultan. Hoy mismo he podido adivinar a través de un ropaje acampanado y corto a una señora que no debía tener brazos, ni piernas. Y hablaba por el móvil, pegado de alguna manera junto a la cara… y viajaba en autobús. El vehículo sacó una trampilla y el acompañante empujó la silla hacia el sitio previsto.

Y hay muchos otros inválidos  que, en cuanto pueden mover algo sus dedos, manejan esas sillas de manera magistral. Podrían parecer imágenes negativas, pero no lo son: esos cuerpos incompletos, malformados, viven mejor de lo que hace solo unos años, podríamos pensar. El desarrollo, el dinero público y el privado realiza esos milagros de movilidad antes imposible. Tendré que suponer que habrá países en los que se no pueda acceder a tanto artilugio salvador. Lo más importante, sin duda, serán también esas personas que no se separan de los discapacitados y que son colaboradores directos del milagro.

Al respecto, nosotros, lo que no podemos hacer es mirar para otro lado… Es necesario contemplar esa dificultad resuelta por el ahínco y las ganas de vivir de quienes sufren tanto, pero son capaces de vivir en una alegría desbordante que, a nosotros, que no nos falta nada, no tenemos. Por eso digo que nuestro amor se abre y se despierta ante tanto ejemplo de superación. Y hemos de hacernos pequeños con los pequeños, e inválidos con los inválidos.

Las visiones positivas, algunas hermosísimas se nos pasan por falta de atención, por lo que poco llamativo que pueden tener. Y no debe ser así. Un matrimonio joven, con cuatro hijos, y dos carros en un supermercado. Podría entenderse que la mayor no tiene más de seis años y el más pequeño, poco más de un año, aunque se anda. Por el medio otro niño y otra niña que no parecen gemelos, aunque sus movimientos están perfectamente interrelacionados. Los cuatro niños han entrado entre los pasillos de las estanterías o góndolas para ir secundado la elección de sus padres e ir depositando en los carros lo que se va comprando. El principio y fin de la cadena son los dos más altos. Y aunque es un juego no hay errores. Las risas e incluso los comentarios sobre lo adquirido demuestran el gran ingenio infantil.

Obviamente esto es parecido al tema de las sillas. Aquí tenemos alimentos de sobra que se exhiben con eficacia comercial para ser más atractivos al comprador. Y esta abundancia termina en juego “orquestado” por unos padres inteligentes y con sentido del humor. En otros lugares no hay nada. En otros lugares no se puede jugar con la comida porque no hay. Pero es obvio que la escena del supermercado me sirve para dar gracias a Dios y pedirle por los que no tienen. España se ha descubierto como un país muy generoso con respuestas eficaces a las peticiones de ayuda. De eso sabe mucho Cáritas.

No todos los temas de una Carta del Editor deben ser serios y sesudos. La contemplación de la vida cotidiana nos da muchas alegrías y también tristezas. Lo que nos hará más activos y realistas. Ser caritativos es ser amorosos. Y ser amorosos nos lleva a desplegar la caridad en todos sus significados.