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¡BEATIFIQUEMOS A MARTÍN DESCALZO!

Por Ángel Gómez Escorial

Un proceso de beatificación y canonización es trabajo minucioso que refleja una actitud personal de cada persona estudiada, sin tener en cuenta su grado dentro de la estructura de la Iglesia y de su jerarquía. Pero se me ocurría en estos pasados días del Triduo Pascual el grito de “¡beatifiquemos a Martín Descalzo!

Desde hace ya muchos años –ya más de 25: julio de 1991--, cuando yo me sentí convertido he seguido la devoción de esos días santos inspirado --junto con las Escrituras— por lo que el sacerdote y periodista José Luis Martín Descalzo, escribió en sus monumental biografía de Cristo, titulada: “Vida y Misterio de Jesús de Nazaret”. No es, simplemente, una biografía “literaria”. Hizo Martín Descalzo tal acopio de datos y de fuentes que podría tildarse su libro con la frase “de todo aquello que quiere saber de Cristo…”

EL “MILAGRO” DE MI CONVERSIÓN…

Yo siento el “milagro” de mi conversión –acaecida a mis 50 años, hoy ya tengo 76— muy ligado a la obra de José Luis, compañero periodista, al que yo traté más –y mucho— como profesional del periodismo. Y nada como cura, porque yo mismo, entonces, no estaba en la onda de la Iglesia católica, ni de ninguna otra creencia religiosa. Martín Descalzo y yo fuimos directores de sendos grandes semanarios nacionales –“Blanco y Negro”, del Grupo ABC y “Gaceta ilustrada”, del Grupo La Vanguardia — y, obviamente, nuestro trato era profesional, muy continuado y muy agradable. Yo le llamaba siempre “ciudadano cura”, lo que a José Luis le hacía mucha gracia… Mi conversión, sentida claramente como camino claro mío de permanencia dentro de la Iglesia fue en julio de 1991, fecha posterior en menos de un mes al 11 de junio del mismo año en que murió el padre Martín Descalzo.

SU ENFERMEDAD

Su larga enfermedad hizo que yo dejara de verle mucho tiempo antes. No pude comunicarle nunca mi acercamiento a Jesús de Nazaret. Sabía yo mucho de José Luis como gran periodista “civil”. Mi conocimiento de su imprescindible figura como divulgador de la vida Cristo y, también, de su amor por la Iglesia católica me llegó mucho después, dejándome, desde entonces, un poco intranquilo por no haberle tratado como sacerdote. Y creo que esa labor ingente como divulgador católico, probablemente el número uno dentro la Iglesia en español, solo pudo producirse por estar tocado de cerca por el dedo de Dios. Esa es mi idea… ya han pasado años… y por eso pido su beatificación. Aunque en esto –claro— maestros tiene la Iglesia. Pero ahí queda.