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1.- CARTA ABIERTA A DIOS SOBRE EL AMOR Y EL PERDÓN

Por Ángel Gómez Escorial

Señor Dios Padre Nuestro

Una lectura continuada del Antiguo Testamento nos demuestra como seguiste siempre, constantemente, a tu pueblo –Israel— para que volviera a tu redil. Pero era un pueblo obstinado y ahí están las cuestiones del becerro de oro o de la disputa por la falta de agua en Massá y Meribá. La religión oficial judía, de tiempo de Jesús, quería transmitir la figura –no es esa Tu Figura—de un Dios como juez implacable, casi vengativo. Pero eso demostraba que saduceos, fariseos y otros funcionarios del Templo de Jerusalén no leían las Escrituras o solo transmitían al pueblo lo que les interesaba.

Es obvio que sería tu Hijo Unigénito, Nuestro Señor Jesús, quien mejor definió tu amor y tu capacidad de perdón en la maravillosa parábola del “Hijo Pródigo”. Pero todo ese sentido del amor de Padre y de su alegría por la vuelta del hijo perdido y pecador estaba perfectamente presente en los libros de la Ley, en la Biblia. Jesús nos enseñó con claridad lo que ya existía desde el principio.

Bueno, Señor, no sé por qué te cuento todo esto que Tú sabes perfectamente, mejor que yo. Debo de hacerlo porque, yo, también, en esta Cuaresma, casi al final de ella necesito de tu perdón, como la gran mayoría de tus hijos. Y, sobre todo, necesito de descubrir mis pecados, aquellos que se me ocultan, y que Tú conoces porque sabes más que yo de lo que mi corazón guarda.

En todas estas oraciones –cartas abiertas—de la Cuaresma busco encontrar caminos –y humildemente mostrárselos a mis hermanos—que sean útiles para la conversión y reconciliación. Y, hoy, creo que muchos hermanos que creen que sus pecados no puede ser perdonados por un Dios que es solo Justicia. Ellos no piensan en tu Amor. Y otra cosa es la de los pecados ocultos. A veces no aceptamos nuestros propios pecados y los proyectamos hacia otros o hacia otras circunstancias. Cuando en realidad somos nosotros, Señor Dios, los verdaderos y únicos culpables de esas faltas pertinaces que nos separan de ti.

Padre, muévenos. Que tu Espíritu, el que da frescor a la tierra seca, nos abra el alma y podamos presentar ante ti, con talante humilde y ánimo contrito, todos los pecados que tapamos por ignorancia o soberbia. Ayúdanos pues a rasgar nuestros corazones y a darte, lo bueno u lo malo, que llevamos dentro. Tu perdón y amor blanqueará nuestro interior. Tú nos lo has dicho muchas veces en la Escritura.

¡Bendito seas Señor por todas tus criaturas en todo los momentos del día y de la noche!

 

2.- ARRUINAR A LOS QUE ARRUINARON LA TIERRA

Por Ángel Gómez Escorial

Me obsesiona la frase del Libro del Apocalipsis de “arruinar a los que arruinaron la tierra”. Se lee muchas veces en la Liturgia de las Horas, pues hay un himno compuesto con frases de tan impresionante texto de San Juan. Y, como en otras ocasiones, tengo que decir que ya he escrito sobre este tema y que supongo que volveré a hacerlo porque expresa la necesidad, dicha por Dios, de conservar a la Tierra. Es un canto ecologista. Y me “suscribo a él”.

“LA TIERRA NUNCA PERDONA”

“Dios perdona siempre; los hombres, de vez en cuando; la tierra nunca”. La frase fue pronunciada por un venerable y tranquilo sacerdote hace ya unos cuantos años. Y me impresionó muchísimo. Estamos viviendo unos años de grandes catástrofes naturales que, además, tienen algo de diferente, de novedad. Se atribuye a los cambios por el calentamiento global y, desde luego puede ser así. Inundaciones e incendios forestales en muchos lugares. Nevadas enormes en Estados Unidos. En España un régimen de lluvias torrenciales que afecta más a las zonas habitualmente secas, como Andalucía y el Levante…

Arruinar a los que arruinaron la tierra” En el Diurnal –Liturgia de las Horas—se presenta como “arruinar a los que arruinaron la tierra” y la Biblia de Jerusalén traduce de manera más radical: “y de destruir a los que destruyen la tierra” (Ap, 11,18) La frase, en una traducción u otra enlaza directamente, como digo mas arriba, con el respeto ecológico que debe estar presente como todas las cosas justas en la conciencia del cristiano. Cuando Dios encargó al hombre que poblara y dominara la tierra no le autorizó a que la destruyese. Bien pudiera ser --sin duda-- el efecto de los desmanes de los hombres contra la casa de todos...

LA TIERRA SE DEFIENDE

Si la Tierra es una entidad viva tendrá forma de defenderse. Por eso la repetida frase de nuestro amigo sacerdote, ya fallecido, puede tener en estos momentos mucho sentido. Pero hemos de ser respetuosos y reflexivos –aun más— con la radical frase del Apocalipsis. Con su condición profética puede entenderse que a los ojos de Dios no pasarán desapercibidos los ataques contra la Tierra. Y ello es fácilmente comprensible por la condición de asentamiento vital de la creación. No se fabricó la Tierra para una sola especie, ni para un solo fin o aprovechamiento. Todo funciona por un equilibrio perfecto que solo puede entenderse como salido de las manos de Dios. La ruptura de dicho equilibrio habrá de traer la catástrofe.

LA EXPLOTACIÓN ECONÓMICA

Una parte muy importante –mayoritaria— de la explotación generalizada del planeta Tierra se ha hecho para ganar dinero y acumular riquezas. Y eso, por lo menos, en un muy largo periodo de tiempo. Tal vez, hay que mirar con indulgencia la labor de los conquistadores que llegaron a América que su único fin era el poder territorial y la evangelización de los paganos. Desde luego, si de paso se podían llevar un “poco” de oro, pues mucho mejor. La destrucción sistemática del medio ambiente llega con la revolución industrial y con la inclusión del sector financiero en el negocio de las materias primas. A partir de ahí se produjeron las grandes agresiones. Es producción industrial basada en costes bajos y altos beneficios ha traído los mayores problemas dentro de un planteamiento ético y ecológico.

Podemos poner un par de ejemplos significativos: el insecticida DDT fue un paso adelante para luchar contra los insectos que producían graves enfermedades, tal como malaria, paludismo, etc. Pero el DDT contaminó gravemente a flora y a fauna y los efectos secundarios empezaron a afectar la cadena alimentaria humana. El generalizado uso de aerosoles sin investigación previa suficiente ha perjudicado la capa de ozono. Y muchos de nosotros no sabíamos que cada vez que usábamos espuma de afeitar o laca para el pelo estábamos dañando gravemente a la tierra. Pero la ignorancia no puede ser eximente total en principio. Y, además, ahora hay información suficiente como para no alegar desconocimiento en cuestiones medioambientales.

CARITAS IN VERITATE

En fin, mi idea es que hay aplicar una ética cristiana a las nuevas situaciones. Y la he repetido muchas veces en Betania ya hace unos cuantos años, más de quince. Pero tuvo que venir la encíclica “Caritas in veritate”, en la que, en 2009, Benedicto XVI creó una doctrina cerera. Y lleguó, incluso, a definir faltas moralmente graves. Asimismo lo he repetido varias veces. Ello es de una importancia mayúscula. Veamos que si es habitual que una conducta negligente en la conducción de automóviles sea considerada como un pecado, también lo son las agresiones a la tierra, al ámbito humano, a la casa común de todos.

La profecía del Apocalipsis “arruinar a los que arruinaron la tierra” es algo muy claro. La Tierra, pues, se defiende de quienes le atacan. Y ese sistema defensivo es síntoma de supervivencia. Por ello no nos sirven las teorías catastrofistas de algunas confesiones religiosas que basadas en el libro del Apocalipsis y en el incremento de los fenómenos naturales negativos auguran el fin del mundo. Eso no es válido. Ni verdadero.

“Pero todo irÁ bien"

Al respecto tendríamos que decir como Juliana de Norwich, la monja y mística inglesa del siglo XIV, que recibió el siguiente mensaje tranquilizados del mismísimo, Jesús Nuestro Señor: “Pero todo irá bien y todo irá bien y absolutamente todo irá bien” La gran mística nos comunicó el amor y el optimismo inherente en Jesús. Por eso vivimos, junto a Jesús, nuestra esperanza, nuestro amor y nuestra alegría. Pero por favor, y puede ser un elemento de reflexión para esta cuaresma, cuidemos el planeta, evitemos los vertidos al mar y a la atmosfera. No formemos parte de los que arruinan la tierra. O lo pagaremos.