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ARGUMENTOS Y ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO

Por Ángel Gómez Escorial

Cómo llama la atención el efecto del Espíritu Santo que inundó a los primeros discípulos y que narran los Evangelios, los Hechos de los Apóstoles y las Cartas de Pablo. Lucidez, entrega, valentía y amor exhiben los Apóstoles en esos primeros momentos. Luego aparecerían esos dones extraordinarios como la capacidad de profecía y, sobre todo, el dominio de lenguas. A más de uno nos gustaría que el Espíritu nos insuflara un curso instantáneo de inglés o alemán, ruso o japonés. Por supuesto que esto último es una broma, pero dicha donación sería muy apreciable.

PRESENCIA FEHACIENTE

En todo el caminar de los cristianos, la presencia del Espíritu Santo se hace fehaciente, con mayor o menos claridad. Y la forma puede estar cercana a lo siguiente. Recordamos como una emigrante griega en la costa este de Estados Unidos nos decía que el aprendizaje de un idioma se parecía un tanto a funcionamiento de la vista; que, al principio, todo eran sombras y que, poco a poco, las cosas iban perfilándose con nitidez hasta el punto de "verlo" todo claro y luminoso. Ciertamente el ejemplo de esa señora --hoy ya anciana y más americana que cualquier americano de nacimiento-- nos puede servir también para definir la "marcha" interior del Espíritu.

CONCEPTOS

Puede decirse que en un momento de nuestra conversión tenemos todos los conceptos básicos en nuestra mente. Y poco a poco esos conceptos se van haciendo más claros para situarse en lo más profundo de nuestro Espíritu. Hay percepciones muy interesantes y "explicaciones" internas a muchas dudas. Existe pues una ayuda exterior, clara e inequívoca que marca esa presencia del Espíritu Santo. Y, claro, en la valoración --o efectos-- de la acción del Espíritu tendrá que haber, asimismo, muchas graduaciones. No sería raro que unos cuantos estuvieran por ahí como los antiguos cristianos, con los importantes dones del Espíritu, “a flor de piel”. Es este Espíritu Santo quien nos renueva por dentro y por fuera. Está cerca de nosotros y lo único que tenemos que hacer es dejarle sitio en nuestra alma, en nuestro corazón.

También, la promesa de la renovación de la faz de la tierra es importante. En estos tiempos en los que la mayoría del género humano ha aprendido a ser ecologista, sí que se le podía pedir al Espíritu que renovara la faz del planeta para terminar con toda contaminación y agresión. Contaminar es sucio --lo contrario a puro-- y agredir es violencia, lo opuesto al sentido amoroso de la paz que nos comunica el mensaje de Cristo. El Día de Pentecostés es la jornada de la renovación, de la mejora, del entendimiento y tiene que significar un paso más en la calidad de nuestra conversión. Él, el Espíritu, nos ayuda.

LA SECUENCIA

Quiero hacer mención especial de la Secuencia que se lee en esta Misa de Pentecostés. Es un himno litúrgico muy antiguo. Todo está ahí. Es lo más útil para nuestra meditación. Hay que leer despacio, y varias veces, el texto de esta secuencia litúrgica. Todo está ahí, repito. No parece lógico ni siquiera ahondar en el comentarlo. Aunque, tal vez, la única reflexión es que hoy, Pentecostés, es un día especial para convertirnos, o convertirnos más. No dejemos pasar el autobús que circula a poca distancia de nuestras propias narices.

MI ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO

Hace unos años compuse una oración al Espíritu Santo. Hoy me atrevo a repetirla por su puede ser útil a mis lectores. Es un poco larga, pero a mi parecer, merece la pena entonarla con fe y esperanza

 

Amado Dios Espíritu Santo:

 

Muchos te llaman desconocido,

cuando, en realidad,

eres el que mueves todos

nuestros actos religiosos y de fe.

Sin Ti, la Eucaristía no tendría forma de milagro diario,

cuando un trozo de pan y una copa de vino

se transforman en el Cuerpo y en la Sangre de Nuestro Señor Jesús.

Y de ahí surge la presencia real e inmutable de Dios entre nosotros.

 

Todo lo que creemos no es mérito nuestro, es tuyo.

Sin Tu influjo es imposible creer.

Ya lo dijo el mismo Jesús que Tú nos lo enseñarías todo.

Por eso nadie que trabaje en la trasmisión de la Palabra de Dios

 y en la extensión del Reino debe vanagloriarse de nada,

aunque sea un excelente escritor o un predicador sublime.

Somos todos siervos inútiles,

porque si Tú nos mueves a salir a calles y plazas

 a proclamar la Buena Nueva tampoco lo haremos.

 

Pensamos poco en ti. Casi, casi, una sola vez al año.

Y ello es, en sí mismo, un misterio...

Mis preguntas serían:

¿Si Tú nos mueves a todo lo espiritual,

por qué no nos influyes más para tu mejor conocimiento y mayor aprecio?

¿Eres modesto? ¿Puede Dios tener sentido de la modestia?

¿O es que interesa más el mensaje en sí,

que quien lo trasmite o lo hace posible?

Como verás, si Tu no contestas no podré hacerlo yo.

 

Tú no nos haces autómatas.

Tú lo explicas todo en el interior de nuestros corazones.

Y eso es lo fundamental.

No pides nada a cambio.

Lo único que nuestro pecado desaparezca,

porque Dios no puede estar donde hay pecado.

Y una vez que el pecado desaparece de nosotros

Tú llegas con enorme generosidad

y sin poner límites al contenido ni a los conocimientos.

 

Pero el entorno humano es demasiado denso y complicado.

Es una realidad multiforme, a veces muy obsesiva,

en la que la realidad y la objetividad se alejan

para construir sueños y deseos imposibles o poco apropiados.

 

Debe ser causa del pecado original.

La aparición del mal es nuestra naturaleza

que se mantiene y se incrementa,

si no somos capaces de romper

con el engaño exterior y el autoengaño interior.

Somos responsables totales de nuestros pecados,

porque el tentador no puede influir tanto como creemos.

Solamente nos engaña, ni siquiera nos convence.

Y es ahí donde siembra la confusión

que es otro ingrediente muy dañino.

 

Santo Espíritu de Dios,

un año más me dispongo a celebrar Tu llegada y aprovecharla.

Cada año confío en que no retrocederé

 y que podré sentir la alegría y el frescor

que tu introduces en mi alma.

Después, yo te fallaré…

Pero Tú no te rindes.

Me recuerdas el propósito tomado.

 

Gracias, Señor, por este año pasado.

Desde la fiesta de Pentecostés de 2017

 hasta la presente de 2018.

Sé que te he fallado.

Pero he vuelto a levantarme

y nuevamente has estado conmigo.

Uno quisiera que hubiera una vez definitiva,

pero no es fácil.

La debilidad es continua.

Pero, creo, que cada vez, va todo mejor, aunque con fallos.

Gracias, Señor, por este año que me queda por completar.

Y gracias por tus dones.

Cada vez te necesito más, porque las enfermedades no ayudan....

Pero como dice un texto de la Santa Misa:

“Y no permitas que jamás me separe de Ti.