www.betania.es


LA AVENTURA DE SER CRISTIANO

Por Ángel Gómez Escorial

Esta es un referencia que he "exhibido" un par de veces más, pero que me inquieta. La realidad es que situados en un entorno de descreídos el intento de los cristianos para ser coherentes con las enseñanzas de Jesús nos produce en un punto de diferencia e, incluso, de rareza frente al resto. Este no es un problema específico de España, ni tampoco de cualquier otro país de mayoría católica, aunque, realmente, el creciente mundo de la inmigración ha traído a países como el nuestro el contacto próximo con personas de otros credos.

El fenómeno se da en sociedades "multicristianas" en las que, aunque convivan de varias confesiones, se produce el mismo efecto. Los fenómenos contrarios a la doctrina de Jesús son generales y se resumen en una falta de amor a Dios y ausencia de cariño y respeto por el prójimo. Y, a partir de ahí, podemos reflejar todo lo que es contrario: violencia, avaricia, desamor, egoísmo, explotación, tortura, ataque básico a la vida, uso explotador de la sexualidad, etc.

Pero, además, la sociedad actual tiene "deificados" y con falso prestigio muchos de estos comportamientos deshumanizados. Hay violencia justificada que va desde la represión ideológica y religiosa hasta el terrorismo y su "validación" política. Y esto, queridos amigos y lectores, es muy grave. O así me lo parece.

LA AVARICIA

El fenómeno de la avaricia --o de la adoración al dinero-- es muy importante en, por ejemplo, la España de las últimas décadas. La crisis económica ha puesto al descubierto, no obstante, ese modo de adoración, que no es, solamente, una causa de la penuria económica. El dinero es lenitivo para cualquier conducta injusta o escandalosa y de aquí surgen muchos males económicos y sociales que conllevan explotación y abuso. No es posible dar de lado el culto al sexo. En la mayoría de los casos se trata además de situaciones marcadas por la explotación económica, y alimentadas por un claro enloquecimiento de muchos de sus practicantes. No se trata ya de pasiones desatadas o de amores tumultuosos con los que –valga el ejemplo— pecaban nuestros antepasados. Ahora son comportamientos ya muy cercanos a la obsesión patológica que, paradójicamente, afloran en una época de libertades. Intentar oponerse en público a cualquiera de los abusos anteriormente citados supone ser marcados por una diferenciación que, en muchos casos, es producto de, como poco, burlas y chanzas. A su vez, ese mundo tan distinto al ideal que los amigos de Cristo hemos elegido puede llegar a producirnos desánimo y preocupación.

LA BONDAD ES POSIBLE

Pero todo lo anterior por mi es una primera impresión. Porque, asimismo,nos encontraremos a mucha gente que está cercana, en todo y en parte, a nosotros. Algunos de ellos ni siquiera serán practicantes de la religión, pero la bondad y el Espíritu está en sus corazones. El "No tengáis miedo" que dice Cristo es posible. La ventaja de las sociedades democráticas es que cualquiera puede defender sus postulados sin mayor problema. La sociedad parece que persigue por esas diferencias, pero a la hora de la verdad hay mucha base para ejercer un oficio de convencimiento, de apostolado o, simplemente, de información sobre nuestros puntos de vista. Y ese puede ser el principio del fin del mal. Y aunque el final-final de todos los males --de los enemigos de Dios-- solo llegará al final de los tiempos, podemos empezar a trabajar por cambiar lo más urgente y doloroso.

Para ello debemos estar convencidos de lo que decimos y en lo que creemos. Pero no es difícil. El cristianismo es un camino de amor para con Dios y nuestros hermanos que es más sencillo, alegre y hermoso que esa otra dirección en la que el aislamiento, el desamor, el odio, la insolidaridad, la violencia lo hace verdaderamente difícil de soportar. Es más fácil amar que odiar. Es más sencillo dar que quitar. Es más emocionante abrazar que golpear.

Hay además un camino permanente de desprestigio hacia los seguidores de Jesús. Y se acomete dicho camino por ignorancia o maldad. Y es que, desde fuera del cristianismo suele tildarse a éste de confuso, lleno de mitos, subjetivo, antiguo, etc. Hay gente que, antes de convertirse o cuando todavía no estaba a punto, incidía en dichos prejuicios. Y la gran sorpresa se produce cuando advertimos que ha aparecido en nosotros un camino de objetividad luminosa que antes no habíamos experimentado. Esa dirección nos la trae el discernimiento honrado fuera de cualquier tapujo y componenda.

EXAMEN DE CONCIENCIA

Es posible que para algunos esto parezca exagerado o causa de desasosiego, pero a mi juicio no debe ser asi, bien lo contrario, porque el cristiano tiene que evaluar constantemente su conducta y la naturaleza de sus actos como medio para la búsqueda del bien. Ya San Ignacio de Loyola recomendaba un examen de conciencia frecuente a practicar varias veces al día. De hecho, ese ejercicio puede parecer obsesivo, pero no es otra cosa que el análisis rápido de nuestras horas. Y como sería absurdo que intentáramos engañarnos a nosotros mismo, surge, como decíamos, el juicio objetivo de nuestros hechos. Es cierto que se busca la verdad y el bien, pero como solo estos ingredientes son posibles no hay engaños, ni componendas.

En mi caso, antes de convertirme, mis análisis de actuación personal respondían más bien al esfuerzo de quedar bien. Si había hecho algo mal, eso quedaba así, no entraba en racionalizar el comportamiento y sí buscar argumentos para justificarme. Entraba en un subjetivismo feroz por el cual siempre estaba justificados y, ante eso, los demás se aparecían como los culpables permanentes. En situaciones difíciles esta práctica llevaba a ser muy problemática pues según se iba empeorando mi conducta respecto a los hermanos, más me alejábamos de ellos por considerarlos falsamente enemigos.

Ahora se como es mi vida, y cuales son los ingredientes contrarios o favorables que se deben a mi y los que, eventualmente, son achacables a los demás. Lo que se consigue es juzgar los hechos con claridad, con verdad. A veces, ese camino de objetividad, que no sólo afecta al comportamiento, puede llegar al discernimiento --grande o pequeño-- de las verdades de la fe. No es necesario practicar la fe del carbonero, porque con la ayuda de Dios, sentido común y honradez nos apercibimos de muchas cosas que antes nos parecían difíciles, imposibles o lejanas.Esto tiene mucho de confesión, aunque mi tendencia a lo retórico puede que atenúe su valor. Pero lo principal de la "aventura" del cristiano es amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. Lo demás --todo lo demás-- viene después...