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UNA MONEDA, UNA SONRISA, UNA PALABRA

Por Ángel Gómez Escorial

Nadie duda que el pueblo español sea generoso y que se tienen muy en cuenta las peticiones de ayuda para los que están peor. En las parroquias se sabe que, cuando las colectas están dedicadas a Cáritas o a otros tipos de necesidades, cambia el talante de los feligreses y los cestillos se llenan de billetes. Eso está bien, aunque a veces se descuiden las verdaderas necesidades de la parroquia. Pero eso, hoy, es harina de otro costal.

NO VER AL POBRE

Una moneda, una sonrisa, una palabra… A veces los cristianos parece que damos la limosna para que el pobre se quite de nuestra vista. Algo así como ya decía hace unas semanas la Carta de Santiago: al pobre, al mal vestido se lo margina. Junto a la necesidad económica de los más desfavorecidos están sus necesidades emocionales, como seres humanos. Los pobres –incluso los de mano extendida a la puerta de las iglesias— saben mucho de esto de recibir la moneda sin que, ni siquiera, se les mire. Hay otras miradas peores que se traducen por esa de frase de “Y ahora en que te vas a gastar el dinero que te doy”. Y eso también se percibe. Bueno sería que nos interesáramos por quien nos demanda ayuda… Y, al menos, sonreír y dirigir una frase de aliento.

IGUALES COMO LOS PRIMEROS

En los últimos tiempos tengo un pensamiento continuo que no puede salir de mi cabeza, ni un momento. Y no es otro que la posición de los primeros cristianos que lo tenían todo en común. No hay nada que esto lo haga imposible, aunque su aplicación sea difícil y cueste tiempo. Jesús decía que el amor entre los hermanos era el signo de diferencia para los cristianos. El amor no va a permitir que el prójimo pase necesidad. Hay muchas órdenes religiosas que lo tienen todo en común y viven en un clima de igualdad total. Las parroquias son un conjunto de hermanos unidos por razones geográficas, de pueblo, barrio u otro tipo de asentamiento.

ENSAYAR PARA LA IGUALDAD

La búsqueda de la igualdad de los primeros cristianos podría ensayarse ahí. Dar cada semana, cada mes un paso para construir una comunidad que comparte y se una en el amor. Es difícil, pero no es una utopía…Contra ello está el pecado de querer tener más cosas o mejores, de diferenciarse en poder o en dinero. El cristiano está llamado a cambiar a la sociedad actual inspirándose en la doctrina de Jesús de Nazaret. E ir rompiendo las ataduras con el sentido de posesión, de ser más… En fin, es cuestión de empezar.